viernes, 9 de julio de 2010

De espaldas


Se levanta muy temprano todos días, el trabajo le da algo que le permite seguir adelante. Arrastra sus pies hacia el baño, y sin mirarse al espejo, ese que le dice las verdades, se introduce en la ducha, buscando ese agua que le devuelva un poco de vida. El agua cae sobre su cuerpo, y entonces su mente le juega una mala pasada, la vuelve a recordar. Sus ojos, su boca, su sonrisa, su pelo negro, su piel y un pequeño escalofrío le recorre el cuerpo. Entre ellos paso todo y nada, de un día para otro, todo lo creado por su habilidad se esfumó de un plumazo. Sabía lo que tenía que decir, en todo momento, años de experiencia, o ese don que le hace ser tan bueno en su profesión. Y ahora sólo tenía que esperar, que ella se cansara, y se esfumara de su vida, tal y como había entrado. Que pareciera que ella era la que le daba la espalda, cuando en realidad había sido él, por que así lo había decidido desde el minuto uno.
Lo que no sabe, o no intuye, es que ella lo sabía, y tan sólo espera....

Besos


3 comentarios:

Belén dijo...

Algo tiene los trabajos que en muchas ocasiones nos llenan tanto!

Besicos

Hyku dijo...

Cuando algo gusta, mejor no esperar.

Besos ocupados

JuanMa dijo...

¿Crees que realmente se puede ser tan interesado y tan calculador?

¡Buf! Yo prefiero seguir pensando que no.

Besos.